miércoles, 12 de octubre de 2011

ON THE ROAD: Múnich.

Mi primer viaje Erasmus fue de lo más inesperado la verdad y esos muchas veces, son los más divertidos. Me llamaron el día anterior a la salida diciéndome que tenían una plaza libre en un coche y que si me apuntaba a ir a Múnich al Oktoberfest y al castillo de Neuschwanstein. Tras el minuto de duda habitual, acepté encantado y el sábado partimos con un Ford mondeo hacia Múnich por las carreteras polacas y alemanas, ambas en muy buen estado y en el que los coches van a toda hostia… Y eso mismo hice yo, aunque costó acostumbrarse a ir a 140 por el carril de la derecha. 

Tras muchas horas y mucho cansancio acumulado, debido en parte a la noche anterior, llegamos para dormir en casa de un amigo de los que íbamos en el coche. Pero al amanecer el domingo, todo fue mejor, la ciudad es preciosa y con un ambiente increíble por el Oktoberfest principalmente, todos los parques llenos, cerveza por todos lados, buen tiempo y mucha hospitalidad. Y a las 5 de la tarde decidimos que había llegado el momento de ir al Oktoberfest, un evento que consiste en una explanada con atracciones y carpas de comida y cerveza, es decir, algo de lo más sencillo y visto en todas las fiestas de España, pero llevado a dimensiones gigantescas en los tamaños, tanto del centro, como de la comida (Un metro de salchicha), como de la cerveza(Un litro mínimo cada vez que pedías). Lo único malo junto al precio fue el horario alemán, a las once, chapado, aunque esto no era tampoco algo malo pues el día siguiente a las 6.30 de la mañana estaríamos en pie dirección Neuschwanstein. 



Por cierto, la cerveza que tomé en el Oktoberfest, ya que tienes que decidirte por una, fue la Lowenbrau, totalmente nueva para mí aunque con buen resultado, aquí una foto del punto de referencia que tenía que era un león bebiendo cerveza, eso es todo: 




Y dicho y hecho, a las 8 conseguimos salir dirección Neuschwanstein y tras perdernos ligeramente, llegamos a un sitio que recomiendo a todo el mundo que pase por Austria o el sur de Alemania, un castillo espectacular y muy bien encuadrado con su ambiente, encaja como un sitio de cuento fantástico en su entorno, precioso. El castillo fue construido en 1886 por el “Rey loco” y puso otro al lado para su querido hijo, no tan impresionante pero muy curiosa la dupla de castillos padre-hijo sin duda.



Tras un bonito paseo por la naturaleza que rodeaba el castillo, las típicas pero necesarias fotos y un poco de desayuno, vuelta al coche para las últimas 8 horas de viaje, en las que conduje más de seis y en el que la tecnología a la que tanto nos encomendamos en estos tiempos, nos falló clamorosamente y el GPS nos llevó atravesando mugrientas carreteras de la Rep. Checa en vez de ir por las veloces autovías alemanas… Pueblos desiertos, carreteras sin asfaltar, gasolina acabándose hasta que llegamos a Polonia donde todo cambió y pudimos llegar a tiempo para salir el lunes en gravitacia, como siempre. =)


Un buen viaje, una buena experiencia, aunque más turística que personal, con un difícil regreso, buenas risas de por medio y mejores cervezas por dentro. Suena bien desde luego, por si algún día os ofrecen el plan. =P

1 comentario:

  1. Los viajes no planeados suelen ser más divertidos! Parece que estás ya totalmente aclimatado, con jarras de litro de cerveza. Eso a mí me dura un mes... y pico.

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