Segundo capítulo de los viajes Erasmus, pero esta vez fue nacional y preparado con más tiempo, aunque no mejor a decir verdad. Mi amigo David de Elche iba a verse con un amigo en Gdansk y nos sugirió la idea de unirnos al viaje el lunes, así que Christhard, un chaval alemán y yo aceptamos rápidamente, pillamos billetes y a esperar al viernes a las 23.42 que salía el bus. Y ese mismo día fue cuando se unió el último pasajero de este tren, tras jugar al fútbol por la tarde le contamos nuestro plan a Deniz, un turco y diez minutos antes de ir a la estación me llamó aceptando la oferta, así que nos vimos cuatro personas en un tren nocturno, el más lento en el que he estado hasta el momento yo creo y allí estábamos, durmiendo, esperando a la estación final que se hizo de rogar hasta las nueve de la mañana…
Llegados ahí, todo fue sobre ruedas, sin hostal, ni mapa, ni planes por supuesto. Desayuno y a la caza del hostal con una suerte grandísima al encontrar uno con las camas justas para nosotros a menos de 8 euros la noche. Genial, momento clave del viaje. A partir de ahí a descubrir las entrañas de la ciudad, visita a la torre de la iglesia de St mary tras subir 400 escalones que se aprovechan disfrutando de una preciosa vista de la ciudad desde el punto más alto, las típicas casas polacas que tanto se ven por Wroclaw y apareció el típico hambre tras un largo viaje y subir tantas escaleras y nos metimos en un bar cualquiera, sin nombre para nosotros.
Llega la tarde y hora de culturizarse con la reciente historia de Polonia, así que fuimos al museo de Solidaridad, el movimiento anti totalitario predominante en los ochenta en Polonia, aunque fue un poco decepcionante porque era más bien propagandístico que histórico o informativo, así que tampoco se pueden sacar muchas conclusiones reales de ello, aunque mereció la pena. Momento siesta. Me avergüenza echarme una siesta en una ciudad que estoy visitando en un hostal desconocido, pero era absolutamente necesario, así son las cosas.
Llega la noche y como buen veinteañero, toca buscar ese bar, pub o discoteca donde olvidar todo lo que hicimos durante el día. Y eso se encontraba en Sopot, una pequeña ciudad costera a unos 20 minutos de Gdansk que llevaba una especie de rollo hortera al más puro estilo español, como Gandía o Benidorm. Aun así todo fue bien, la cerveza relativamente barata y la típica música comercial que encuentras en todos lados, pero tampoco era nada especial así que sobre las 3.30 ya estábamos volviendo al hostal a dormir un poco más que hacía falta.
| Westerplatte; lugar donde comenzó la Segunda Guerra Mundial |
Domingo, momento de visitas, así que cogimos un bonito barco de época y nos llevó a Westerplatte, el lugar donde comenzó la segunda Guerra Mundial. Allí vistas al pasado, bunkers, puestos de vigía y mucha historia que se conserva bastante bien, no está sobreexplotado de turismo y se puede respirar la historia del lugar, algo que siempre gusta para comprender el pasado. Reflexiones, paseos, tren nocturno y vuelta a casa…